Hallazgo en Los Chopos; el feminicidio de Gaby en Temoaya

En el tablero del taxi, permanece fija la estatuilla de un ángel. La unidad recorre una brecha larga en terracería que llega hasta el fondo de un casa hecha de tabicones y sin repellar.

 

“Es aquí”, indica el chofer del viejo Tsuru, “allí donde está esa lona vivía la chavita”, repite, para referirse a la casa de Gaby.

 

El pequeño ejido al que se llegó se llama Los Chopos, municipio de Temoaya, de donde Gaby habría salido el sábado pasado 12 de enero al mediodía para ir a pasear.

 

La menor nunca retornó a su casa. Su cuerpo fue localizado al siguiente día, en un terreno de milpas que se ubica a unos tres kilómetros de su casa, ya en territorio de Otzolotepec.

 

“El sábado en la noche la anduvieron buscando y el domingo fueron a la Lomita, de donde es su novio”, relatan vecinos de Los Chopos.

 

El cuerpo de Gaby fue hallado aún con las zapatillas negras que decidió usar el sábado, unos mayones en color rojo y su suéter. Su muerte aún es un misterio.

 

“En ese caminito hasta el fondo encontraron a la muchachilla”, señala el taxista. Se trata de un camino inhóspito, de terracería como el resto de la zona. Imposible para que una joven como Gaby llegara sola. La extrañeza crece entre los habitantes de la zona al hacerse la pregunta.

 

“Es el camino al Ranchito y llega atrás del panteón”, explica el operador.

 

Frente a la pequeña casa a la que le están construían segunda planta, se levanta una carpa, unas viejas lonas que se sostienen de lazos enclavados con cinceles a tierra firma. Al interior está el altar para los novenarios de Gaby.

 

“No podemos decir mucho, no sabemos”, asienten los familiares de la joven.

 

En Los Chopos no hay transporte público, todos caminan las brechas que por la temporada están empolvadas y de sembradíos secos. Se conectan con la avenida de la “Y”, que conduce hasta la colonia Guadalupe y el poblado El Llano.

 

Hay poca iluminación. Ese recorrido Gaby lo debía hacer para ir a la escuela.

 

“Hay otras jovencitas que trabajan en su mayoría en las fábricas cercanas, donde aceptan a menores de edad”, comenta el taxista.

 

Pero Gaby no, ella estudiaba la secundaria, según revelan los conocidos de la zona.

 

Ese día que Gaby desapareció, hubo una boda en las cercanías del pueblo, relatan los vecinos.

 

El lunes pasado, la menor sepultada en el panteón cercano, no demoró más su familia.

 

Su caso se suma a otros similares ocurridos en el Valle de Toluca el año pasado. Es el primero de 2019 en la zona.

 

Como suele ocurrir en el Estado de México, la Fiscalia estatal no otorga versiones y se mantiene en sigilo con los medios de comunicación.

 

“Aquí han ocurrido otros casos, te digo que las niñas se exponen porque caminan hasta las fábricas”, reitera el ruletero.

 

Da una sentencia obvia sobre la inseguridad y el paraje en que se convierte la zona.

 

El recorrido culmina.

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